Tal como éramos. La sociedad prehistórica de la Península Ibérica.
Maria Àngels Petit y Josep M. Fullola (coords.) Jordi Nadal es el autor de este texto.
Páginas 161 – 162. Editorial Ariel, 2005.
Un cazadero en Torralba y Ambrona.
Torralba y Ambrona, en la provincia de Soria, son dos yacimientos arqueológicos, separados entre sí por unos pocos kilómetros. Su descubrimiento es antiguo; en el caso de Torralba, en 1888, durante las obras para la construcción de una estación de ferrocarril y en el de Ambrona, como consecuencia de las primeras excavaciones hechas en Torralba y de la prospección de sus alrededores, entre los años 1907 y 1913.
Desde entonces se han realizado diferentes campañas de excavación en ambos yacimientos, que han ido incorporando, con el paso del tiempo, los nuevos sistemas de investigación arqueológica. Esto ha comportado que algunas de las interpretaciones que se han dado de estos yacimientos sean desmentidas o reafirmadas según el estado de los trabajos. Parece ser que esta zona era, a finales del Paleolítico Inferior, un área pantanosa, frecuentada por grandes animales, que el hombre prehistórico aprovechaba para cazar.
Sabemos que en Torralba y Ambrona el hombre primitivo cazaba elefantes, caballos, rinocerontes, ciervos y toros salvajes, pues los huesos de estos animales demuestran que fueron despedazados. Una de las preguntas que solemos hacernos es cómo esos homínidos podían cazar animales tan grandes y agresivos con un conjunto tan reducido y tosco de instrumentos: útiles hechos de piedra, de madera, posiblemente de hueso poco trabajado y también de cuero u otros materiales blandos perecederos. Lo cierto es que los cazadores de Torralba y Ambrona debieron utilizar, además de instrumentos de piedra y hueso, otras dos potentísimas armas: el fuego y el ingenio. Con el fuego y mediante el ingenio, junto con las lanzas de madera y las puntas de piedra y hueso, podrían haber ahuyentado animales como los elefantes y los rinocerontes hacia las áreas pantanosas; allí quedarían atrapados entre el fango, pasando a ser enormes masas de carne indefensas, a merced de los grupos de cazadores.
Las opiniones recientes sobre la interpretación de los yacimientos de Torralba y Ambrona son más cautas. Los nuevos excavadores de Ambrona piensan que los restos de estos yacimientos no responden a estrategias de cacería especializada con fuego. Las evidencias de fuego encontradas – restos de maderas quemadas – no estarían relacionadas con la caza de los animales sino que pertenecerían a los campamentos de los cazadores; éstos aprovecharían la carne de los grandes mamíferos atrapados de forma natural en los pantanos. En cualquier caso, la investigación sigue abierta, y lo que nadie niega es que aquellas comunidades utilizaban el fuego y muy diversos instrumentos para conseguir su sustento de carne.
4 comentarios:
Que poco nos conocemos
La verdad es que sí.
Qué interesante lo que nos cuentas, y qué grandes relatos.
Felicidades por tu blog.
Besitos popfilácticos
Muchas gracias Jacques. Espero que en el futuro también te guste.
¡Salud!
Publicar un comentario en la entrada